Mal de Letras

La pensión del coronel

Apreciado coronel,

Permítame que me presente: soy una joven que acaba de graduarse en derecho. Hace años, desde antes de comenzar mis estudios superiores, me preocupa su caso, así que aún sin finalizar mis obligaciones académicas, con la asesoría a regañadientes de algunos de mis profesores, el disgusto de mis padres y las plegarias de mi abuela, decidí hacer de su caso causa propia y resolver lo de su pensión.
He estado sumergida en la administración central, así como en distintas instancias militares y después de muchos meses, de muchos portazos, trámites inverosímiles, obstáculos burocráticos monumentales, tengo algunas noticias que debo comunicarle.
La primera es que encontré la carta en la que se informa que se le ha concedido a usted una pensión de jubilación por los servicios prestados a la nación. Una pensión muy modesta, debo decirlo. La carta se emitió, pero por alguna “extraña” razón que no he logrado precisar, en una de las muchas oficinas por las que debía pasar para ser sellada, compulsada, registrada y demás, quedó perdida bajo un aluvión de sumarios, comunicados y documentos de todo tipo, de modo que no llegó a enviarse.
El procedimiento a seguir no era nada claro porque, aunque resulte asombroso, nadie se había ocupado antes de un caso así, por tanto no existían precedentes legales. Eso sí, reabrir un expediente de pensión, ocasiona que se abra toda una serie de investigaciones en otras parcelas de la administración pública, entre ellas hacienda. Es aquí donde tropecé con la segunda noticia que ha motivado que le escriba sin más dilación. Teniendo en cuenta las múltiples reformas tanto de la ley general de pensiones como de las leyes tributarias, que le explico con detenimiento en los anexos a esta carta, se ha calculado que la deuda que tiene usted con hacienda supera varias veces el monto de lo que el Estado le debe por su pensión, incluidos los intereses por el tiempo transcurrido. En vista de esto, presenté un recurso de tutela extraordinario, de reciente aprobación, gracias al cual el saldo adeudado ha quedado anulado.
Le ruego que no desfallezca. La tercera noticia es que ayer mismo inicié una petición de subsidio de carácter excepcional que confío podrá tramitarse en cuestión de meses, si es aprobada. Quizás sea de momento sólo una posibilidad, pero quiero que sepa que cuenta usted con toda mi energía, mi tesón y pese a mi breve experiencia, mi confianza de llevar su caso a buen fin.
Le iré informando del avance de esta diligencia en sucesivas misivas. Tenga la seguridad de que recibirá usted más noticias.

Afectuosamente,
Su joven abogada

Post scriptum
Coronel, mi abuelo me leyó su historia siendo yo una niña. Muchas tardes, mientras lo acompañaba en sus paseos a la orilla del mar, él y yo hablábamos de usted, nos asombrábamos de su espera, nos preguntábamos qué habría sido de aquella carta tan anhelada. Hoy, mi abuelo ya no está.
Quiero decirle algo que quizás no imagina: usted coronel, con su inconmensurable paciencia, es ya casi tan famoso como el bíblico Job. De usted se habla en casi todos los idiomas de la tierra. Y sé de muy buena tinta, que en una hermosa ciudad a orillas del mar mediterráneo, hay una casa en la que de tanto en tanto se dan cita muchos de esos que lo conocen a usted, que lo quieren, que se conduelen y muchas veces también se indignan.Llevan a esa casa, cartas dirigidas a usted. Ahora mismo le estarán escribiendo.Ninguna de esas cartas será la que usted espera. Pero todas hablan de la importancia de que usted exista. Como símbolo, como uno más de tantos a quienes no se les tiene en cuenta ni en los momentos de más necesidad, de tantos a los que autoridades e instituciones olvidan y dejan a su suerte. Pero quienes le queremos no lo olvidamos.
Desde este rincón del mundo quiero decirle, coronel, que sí tiene quien le escriba.

Este escrito participó en el concurso: El coronel sí tiene quien le escriba 2024

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